mundo literario

Escribir para cuatro gatos: ¿éxito o fracaso?

Transitar el mundo literario hoy

Óscar Sejas, poeta madrileño, relata para SOMOS SUMAS su experiencia personal en el mundo literario. Con su testimonio no pretende levantar ampollas aunque habrá quien encuentre en sus palabras una generosa proporción de sal y pimienta ¿Y tú qué opinas?

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Hago lo que me gusta, quiero y lucho por ello: no me quedo esperando en casa a que alguien me invite a algo, yo mismo me busco los sitios en los que recito, yo viajo, yo asumo los costes de todo, yo muevo los eventos, hago carteles, hablo con la gente. Soy mi propio manager. Y, después de hacer todo esto por mi cuenta y disfrutar profundamente con lo que hago, me invitan a un montón de cosas en las que me siento muy honrado y agradecido de participar.

No he dejado de escribir un solo minuto. Aunque no me leyera nadie

Tengo un libro por el que no he pagado un euro, publicado por una editorial que ha apostado por mí, he vivido un proceso de edición que no cambiaría por nada y en el que ha habido correcciones. Claro que las ha habido. Me ha servido para darme cuenta de que no soy la octava maravilla, de que cometo fallos como todos y de que escribir es un aprendizaje continuo en el que la revisión y la corrección son parte fundamental. Fue una cura de humildad en toda regla. Digo esto porque cada día me cruzo con personas que me dicen “yo no permitiría que me cambiaran una coma de nada de lo que escribo” y creo que esa obsesión por no cambiar nada es un mal endémico. Y yo me pregunto ¿por qué ese miedo al juicio ajeno? ¿Por qué no aceptar que no somos infalibles?

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Cuando la respuesta es siempre NO

He seguido haciendo lo que me gustaba y llenaba, no lo que yo creía que otros querían leer

A los que me dicen que “he tenido suerte” solo quiero decirles lo mucho que me indigna su falta de miras. Llevo diez años escribiendo públicamente, diez años en los que me han cerrado puertas de todo tipo, diez años en los que he enviado relatos a concurso, poemas a concurso, he tratado de publicar en revistas y la respuesta era siempre NO. Todos me decían: vales para esto, y yo sé que valía, pero cada rechazo era una puñalada en el ego. Lejos de desanimarme, seguía intentándolo, seguía escribiendo y leyendo a otros. He participado en foros de escritores, he compartido blogs con otras personas, he realizado colaboraciones. He seguido creciendo. No he dejado de escribir un solo minuto. Aunque no me leyera nadie. Aunque hasta yo mismo dejara de creer en mí. Hasta que un día se me empezaron a abrir las puertas fruto de todo ese trabajo. Yo sé que la suerte no me ha llegado de la nada. He labrado mi suerte, la he trabajado, no me he conformado con los NO. He seguido haciendo lo que me gustaba y llenaba, no lo que yo creía que otros querían leer. Y sigo sin ser la octava maravilla, sigo sufriendo rechazos, como todos, pero me los tomo como una oportunidad para seguir creciendo.

Hipocresía y lameculismo

En cuanto al mundo literario o poético en directo sólo decir que siempre he tratado de formar parte de él y de disfrutar. He organizado (siempre con ayuda de buenos amigos, normalmente uno con sombrero y barba) infinidad de cosas en las que he invitado a poetas y cantautores de los que siempre he aprendido cosas, de los que he bebido, de los que he estudiado gestos, formas, maneras de expresarse. Me siento orgulloso de haberlo hecho pero también he notado que a veces organizar tus propios eventos te aleja de otros que organizan los suyos, entrando en una especie de “competencia” absurda que nunca he entendido del todo, ya que para mí todo esto se basa en compartir y no entiendo los egos y las, me vais a perdonar, subnormalidades que he tenido que aguantar.

  No entiendo los egos y las, me vais a perdonar, subnormalidades que he tenido que aguantar

Tal vez el problema es que no trato de agradar a todo el mundo, que me conformo con caerle bien a mis amigos y que soy una persona más bien callada que si no tiene ganas de hablar no habla. Llamadme borde si queréis. Pero me cansa tratar de convencer a alguien de que participe en algo que organizo. Esto sobre todo pasa con personas, vamos a llamar con “fama”, y lo siento si alguien se siente ofendido, pero es la pura realidad, que te preguntan quién va a estar en el cartel para saber si les conviene, o no, participar. Muchos son los que luego enarbolan la palabra poesía y ellos mismos se autodefinen como defensores de la misma. Y son los que cuando acuden a un recital conjunto no hacen ni puto caso a nadie de los que recitan, porque para qué van a escuchar si ellos van a que otros les escuchen. Ojo, no son todos, hay mucha gente con fama que está haciendo todo y más por la poesía. Pero también hay mucha hipocresía y lameculismo.

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  Ciertas personas con “fama” te preguntan quién va a estar en el cartel para saber si les conviene, o no, participar

Creo que confundimos éxito con fama. Alguna vez he hablado de esto, pero otra vez alguien ha vuelto a decirme que para que te vean “diez personas” no merece la pena viajar a ningún sitio. Yo no voy a entrar en debates de lo que es mejor y lo que es peor, ni de por qué en eventos con una calidad bastante mejorable hay cien personas y en otros que son auténticas maravillas hay veinte.

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El éxito: hacer lo que se quiere y como uno quiere

Para mí la poesía es una necesidad. No es cuestión de famas, modas o que me dé para vivir (que ya os digo que no me da ni para el abono transportes). No viajo esperando que vaya media ciudad a verme, si se vende un libro me paso el día dando saltos y si no, vuelvo a casa igualmente feliz porque he disfrutado de lo que he hecho. Así que siento que tengo éxito, porque hago lo que quiero y cómo quiero.

Todo esto lo digo porque creo que no podemos hacer las cosas esperando que otros nos compartan, nos lean, nos vayan a ver, nos inviten a participar en algo. No. A veces parece que sentimos que el público nos debe algo cuando no es así, no debemos confundirnos, nadie nos debe absolutamente nada y al igual que nosotros hay mil más que también hacen cosas interesantes. Creer en lo que uno hace es fundamental y es la única forma que yo encuentro de transmitir. Cada persona que vaya a vernos es un regalo y hay que agradecerlo como se merece, cada persona que comparte un poema, que lee, que lo hace suyo o que simplemente lo disfruta en silencio. Nos está regalando algo que no va a recuperar: tiempo. Y merece que se lo devolvamos de alguna manera y esa manera es la humildad.

  Cada persona que va a vernos es un regalo. Nos está regalando algo que no va a recuperar: tiempo

Si algún día notáis que me he vuelto gilipollas o que se me están yendo los pies del suelo, dadme dos collejas bien dadas, porque no quiero nunca alejarme de esto, no quiero olvidar los sitios pequeños donde van cuatro gatos a verme, porque esos cuatro gatos son el motor de mi poesía y a ellos se lo debo todo.

Óscar Sejas

Foto de portada: upcomillas / Foto 1: pixabay / Foto 2: Carme Ripollès (ACF) / Foto 3: Alhama de Granada

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Y tú, ¿estás de acuerdo? ¿Cuál es tu experiencia en el mundo poético o literario? ¿Encuentras mucho ego y competencia?  ¿Crees que confundimos éxito con fama? ¿Qué es para ti éxito? ¿Tiene sentido escribir para un público muy reducido? Si algo se menta en tu mente, comenta. De eso se trata, de expresarnos.

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About Óscar Sejas

Soy otro uniplural humano en este uno y diverso universo. Converso con versos musiqueándolos y teatreándolos allí donde me llaman.

3 thoughts on “Escribir para cuatro gatos: ¿éxito o fracaso?

  1. “Lo importante es la “poesis” ¡hacer!, seguir componiendo versos sin preocuparse del por qué surgen los mismos, ni de a quién o no, van dirigidos, ni de las consecuencias gastromentales de quienes los digieran. Todo aquel que se siente poeta escribe y lee poesía todos los días, muchas no valen ni para papel higiénico, pero entre toda esa marabunta del día a día, otro día, de súbito, surge la inspiración mayúscula que lleva a uno a componer algo que se sale de lo cotidiano, algo que le lleva a uno a pensar que ha sincopado, con cierto éxito, el pensamiento y la palabra, al fin y al cabo de eso es de lo que se trata. Lo que opinen los demás es cosa de los demás. Si me preocupara de pensar en qué opinan los lectores, jamás escribiría nada”.

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