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Kerouac y la Generación Beat

“En el camino” de Kerouac, el libro que marcó el latido de la Generación Beat

Por MSR

 “Y luego me fui
hacia el Sur a México.
Y luego me fui hacia el Norte
a Nueva York.
A Nueva York, a la
Manzana, Nueva York.
 
(Recuerda, esto no es cronológico)”, Kerouac

Me cita Jack Kerouac para hablar de Dean Moriarty. Lo hará mientras cruza el continente, en eso se especializa. De Dénver a Nueva York y de Nueva York a San Francisco para volver a Dénver y regresar a la Gran Manzana. Y de ahí se saltará las vallas para acabar en México, “el campamento de gitanos” donde no es nada difícil divertirse, donde nadie desconfía ni recela, y en el que nadie está solo jamás. Eso dice, entre grandes risotadas y tics nerviosos. Lo acompaña Dean Moriarty, nombre bajo el cual suda (¡cuánto suda!) Neal Cassady, un hip-notizador de locos que siempre encuentra la oportunidad perfecta para leer el futuro o jugar una partida con su baraja porno.

Jack Kerouac, fotografía del blog http://rabbit-s-moon.blogspot.com.es

Mujeres desesperadas

Estamos “En el camino” (1957), la novela cumbre de la Generación Beat. Podemos adoptar la pose de quien más nos apetezca: seamos las mujeres-percha que los encierran en las habitaciones de hotel y se casan con ellos, para coincidir siempre en que se colgaron de los tipos más atormentados y maniáticos de toda América. Y cómo guiña el ojo Kerouac al lector cuando se refiere a ellas desde la más entrañable ignorancia, y se da cuenta de que esas mujeres, amantes, esposas y ex novias se cruzan llamadas telefónicas para contarse las miserias y las locuras de atar de los hombres que las unen. “Y ahora escúchame si es que en tu estado puedes hacerlo: he conseguido divorciarme de Camille aquí mismo y salgo esta misma noche para Nueva York a reunirme con Inez, siempre que el coche aguante”, resuelve Moriarty (alias de Cassady) y zumba para el norte arrastrando consigo la complejidad de su vida.

Inez, Camille, Marylou, y alguna más. Y hasta un hombre (al menos), y éste conocido por todos: Allen Ginsberg, el poeta más venerado de la Generación, con el que mantuvo una relación sexual de casi veinte años. Uno se pregunta si también el poeta que estuvo en Madrid en diciembre de 1993 compartiría esas confidencias de lo más sincero. “Inez llamaba a Camille por teléfono muchas veces y mantenían largas conversaciones; incluso hablaban de su pene, o eso decía él. Se escribían cartas hablando de las excentricidades de Dean”, cuenta Kerouac por el camino donde la carretera es la vida: alquitrán y asfalto.

Un ángel ardiente y tembloroso

No siendo un escritor, Neal Cassady es la aguja de la Generación Beat. El ojo desde el que mirarla y comprenderla. Se acostaba con hombres si le era necesario para alcanzar otros fines (¿para qué perder el tiempo en discusiones sobre si el fin justifica los medios?). Las enciclopedias lo definen como un icono y uno se imagina que Cassady era un polo de atracción insostenible. Como un apetito descomunal o un olor irresistible; una pesadilla y un tormento, una angustia y una liberación. Así lo describe Kerouac: “Tuve de pronto la visión de Dean, como un ángel ardiente y tembloroso y terrible que palpitaba hacia mí a través de la carretera (…) Vi su cara extendiéndose sobre las llanuras, un rostro que expresaba una determinación férrea, loca, y los ojos soltando chispas; vi sus alas; vi el sendero abrasado que dejaba a su paso (…) Era como la ira dirigiéndose al Oeste. Comprendí que Dean había enloquecido una vez más”.

Neal Cassady y Jack Kerouac

Neal Cassady era atractivo. Tenía los ojos profundos y la mirada fija, turbada por la realidad que siempre se le traducía de un modo diferente a la de los demás. Visto en ocasiones por Kerouac, su inseparable amigo, como un payaso adorable, un fantoche enternecedor, perdido, era un santo que sudaba y robaba coches por pura pasión, enceguecido. “Me gustaría que Dean no estuviera tan loco”, dice su primera mujer, Marylou, en la página 194 de “En el camino”. Unas cuarenta páginas después, Galatea Dunkel, uno de los personajes femeninos de la novela, lo vapulea: “Creo que Marylou fue muy lista dejándote plantado, Dean. Desde hace años no tienes el menor sentido de la responsabilidad con nadie. Has hecho tal cantidad de cosas horribles que no sé ni qué decirte”. Y no se calla: “Cuanto antes se muera, mejor”, remata. Y así fue, a los 42 años. Cassady se arrojó a las vías de un tren en México.

William Burroughs, imagen del blog notengobocaynecesitogritar.blogspot.com.es/

Un algo homoerótico

Pero antes Kerouac lo inmortalizará en su novela como el “idiota sagrado, un beat: estaba vencido, era la raíz y el alma de lo beatífico también”. Así describe Jack a su compañero de viaje, un joven por el que siente una atracción magnética desde el primer día. Y es que, como recogía Joseba Elola en un artículo sobre Kerouac y Burroughs, había algo homoerótico en esas intensas relaciones entre hombres.

Las inclinaciones que van de corazón a corazón en el libro son plasmadas de un modo extraordinario: “Y cuando Dean conoció a Carlo Marx pasó algo tremendo. Eran dos mentes agudas y se adaptaron el uno al otro como el guante a la mano. Dos ojos penetrantes se miraron en dos ojos penetrantes: el tipo santo de mente resplandeciente, y el tipo melancólico y poético de mente sombría que es Carlo Marx”, narra el autor de “En el camino”, quien sintió algo parecido por Dean, un “chaval”, explica, “al que la vida excitaba terriblemente, y aunque era un delincuente, sólo lo era porque quería vivir intensamente y conocer gente que de otro modo no le habría hecho caso”.

El sexo: la única cosa sagrada e importante

No es exagerado asegurar que Neal Cassady fue uno de los motores de la Generación Beat. El “héroe secreto de estos poemas”, como lo percibió Ginsgberg en “Aullido”, quien se llevó por las inmensidades americanas a Kerouac, que inspiró la curiosidad de escritores como Tom Wolfe o Bukowski. Caracterizado de forma abstracta como uno de los instigadores del movimiento psicodélico de los sesenta, Cassady fue explosivamente feliz e infeliz.

Su infancia, de hotel en hotel y vendiendo toda clase de chismes y cacharrerías para sacar centavos en que malgastar el alcohol y las drogas que su padre consumía, desembocó en una adolescencia interminable en que nunca nada era demasiado importante. Ni las tres esposas desperdigadas por el continente, ni los cuatro hijos reconocidos a los que apenas podía mantener, ni la propia vida.

Dividido entre las mujeres (y el sexo: “la única cosa sagrada e importante”) que conocía y las que acababa de conocer; entre “la gente que está loca por vivir, por hablar, por salvarse”, de quienes siempre trató de rodearse; entre sus amigos del alma, sus hermanos (siempre dispuesto a perderse con ellos en el desenfreno de la noche); y entre la buena fe y la gran voluntad de ser el héroe más idiota de todos los tiempos. No lo olviden: Neal Cassady (Dean Moriarty para Sal Paradise, seudónimo de Kerouac en “En el camino”).

Portada de En el camino

Título: “En el camino” (“On the road”)
Autor: Jack Kerouac
Precio: 10,50€.

 

 

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About MSR

Soy otro uniplural humano en este uno y diverso universo. Converso con versos musiqueándolos y teatreándolos allí donde me llaman.

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